Ombúes de Lavalle, 23 de Octubre del 2023.
Sr. Presidente de la Junta Departamental de Colonia
Félix Osinaga
Presente.
De mi mayor consideración: Quienes se dirigen a usted y demás miembros de esa Junta Departamental, LORENA PEREZ MACHADO y SANTIAGO DELEON PEREZ, en calidad de Concejales del Municipio de Ombúes de Lavalle, cumplimos en remitir y poner a consideración de esa Corporación, la exposición de motivos y el Proyecto de Decreto correspondiente, tendiente a la designación con el nombre de “Pastor DANIEL ARMAND UGON”, a una calle innominada de la ciudad de Ombúes de Lavalle, calle que inicia su trayecto en la calle 18 de Julio, en dirección hacia el este, con un trayecto de 105 metros de extensión, finalizando en la calle 25 de Agosto. LORENA PÉREZ – SANTIAGO DELEÓN.
Pastor DANIEL ARMAND UGON
Daniel (Jean Daniel) Armand Ugon Eynard, nació en Torre Pellice (Italia), el 18 de septiembre de 1851, y falleció en Colonia Valdense (Uruguay), el 23 de agosto de 1929. Fue un pastor valdense enviado al Río de La Plata, donde ayudó a desarrollar cultural, material y espiritualmente la Iglesia Valdense en Uruguay y Argentina.
Nacido en Torre Pellice, el 18 de Setiembre de 1851, era hijo de Jean Jacques Armand Ugon y Anne Eynard, una familia de campesinos. Estudió en el Colegio Valdense de Torre Pellice, graduándose de bachiller en ciencias y letras en 1870. Ese mismo año ingresó a la Facultad Valdense de Teología de Florencia. En octubre de 1871, reclutado por el ejército, se ofreció como voluntario en la artillería por un año, para evitar el reclutamiento de cinco años. En junio de 1873 concluyó el tercer año de estudio, se estaba preparando para un año en el extranjero con una beca obtenida gracias a los excelentes resultados, cuando la Mesa Valdense le envió (en octubre de 1873) como pastor asistente del pastor Peter Lantaret en Pomaretto. Allí encontró una situación difícil en la que trató de remediar con los cultos internos y visitas, incluso en las aldeas más remotas. Se dedicó además a la enseñanza del latín, gramática, aritmética, geografía e historia. Propuso la mejora de edificios de la iglesia y la apertura de una escuela nocturna, sobre todo para los jóvenes trabajadores de la fábrica textil en los alrededores de Perusa. A ella asistieron unos setenta niños de edades comprendidas entre siete y quince años. Fue ordenado pastor en 1875, ayudó al -pastor Lantaret, en Pomaretto hasta 1877, y luego fue enviado por la Iglesia Valdense en América del Sur para responder a la necesidad urgente de la población de la Colonia Valdense del Rosario Oriental, que se quedó sin un pastor desde 1875, cuando Juan Pedro Michelín Salomón fue trasladado. Llegó a la Colonia Valdense del Rosario Oriental, (luego rebautizado Colonia Valdense) el 26 de noviembre de 1877, después de más de tres semanas de viaje, acompañado por su esposa Alice Rivoir con la que había contraído matrimonio el 20 de octubre de ese año. Eran momentos de grandes cambios en el Uruguay: un golpe militar, con el apoyo de los grandes comerciantes, terratenientes e inversionistas extranjeros, que había empezado la modernización del país. Armand Ugon se posesionó en este proceso, convirtiéndose en un importante actor responsable de la consolidación de la colonia de migrantes. Una de sus primeras iniciativas fue convocar una reunión general de los Valdenses residentes en Uruguay, el 24 de marzo de 1878, con más de un centenar de participantes, para dar una organización (material y espiritual) a la iglesia. Fue pastor en Colonia Valdense desde el 1878 al 1919; en el período 1880-1882 también atendió la nueva comunidad de Cosmopolita-Artilleros. En los años siguientes otras familias se establecieron cerca de Cosmopolita, formando los núcleos de Tarariras, Riachuelo (Uruguay), San Pedro, que el pastor visitaba a caballo cubriendo grandes distancias. Armand Ugon no solo se hizo cargo de la vida religiosa y espiritual de la comunidad, también fue representante y “líder” político-administrativo, tratando con el Presidente de la República para salvaguardar los intereses de la comunidad y se desempeñó como intermediario ante el Comité de la Evangelización. Él se hizo cargo de lo institucional, con el establecimiento de una iglesia autónoma de Colonia Valdense con relación a la Iglesia Valdense en Italia y en la obtención de la personería jurídica en 1884. También se ocupó de la formación cultural de la población: en el primer año abrió ocho escuelas primarias en Colonia y en los alrededores, atendiendo a un total de ciento ochenta alumnos, trabajando para su sustento instando a las iglesias locales y el gobierno a que colaboraran. Con la ayuda del pastor metodista Thomas B. Wood concibió, y en 1888 fundó el Liceo, que actualmente lleva su nombre, por Ley del 31 de agosto de 1930. Esta institución, donde ambos pastores se desempeñaron como profesores, nació como una herramienta para la educación y la evangelización. Comprendía un ciclo de estudios de seis años que daba acceso a la educación universitaria, a la enseñanza, y el comercio. Inicialmente la gestión del liceo estuvo bajo la tutela de tres instituciones: la Iglesia Metodista, la Mesa Valdense y el Consistorio de la Iglesia Valdense de Colonia, tras la salida de Wood, en 1896, pasó a ser gestionada únicamente por la Iglesia Valdense. Armand Ugon asumió la función de director, teniendo que hacer frente a una situación económica cada vez más difícil. Dejó el cargo en 1905, pero tuvo que regresar en 1915, obligado por la ausencia de varios profesores. En 1926 el Liceo pasó a la gestión del Estado, momento en el cual la comunidad dejó de hacerse cargo directamente. Durante el ministerio de Armand Ugon se construyeron varios edificios nuevos: el Templo de La Paz, terminado en 1893 después de muchos años de trabajo, que comenzaron en 1868 durante el ministerio de Miguel Morel; el templo de Colonia Valdense (inaugurado en 1898, después de siete años de construcción, junto al cual se construyó el presbiterio, dos escuelas, la oficina de correos. Se ocupó, por un lado a la consolidación de las colonias valdenses, defendiendo la unidad de los grupos de migrantes que regularmente llegaron a Uruguay, limitando los conflictos internos que amenazaban con fragmentar la comunidad, y el apoyando la colaboración con otros grupos protestantes en el área rioplatense (ingleses y suizos-alemanes). Por otra parte, con el aumento de la presión demográfica a causa de la fuerte tasa de natalidad, estimuló la expansión de las colonias, lo que dio lugar a un fenómeno de la migración interna, hasta llegar a la Argentina. Colaboró con las primeras comunidades Valdenses en la Argentina, en la provincia de Santa Fe (San Carlos, Colonia Belgrano) y Buenos Aires (Colonia Iris). Consciente de la importancia de disponer de un pastor permanente o que pudiera visitarlos regularmente, Armand Ugon pidió reiteradamente un pastor evangelista Valdense, obteniendo la llegada de Pedro Bounous a Cosmopolita en 1882. Con su esposa tuvieron trece hijos entre 1879 y 1900: Emilio, Máximo, Ana Margarita, María, Alina, Alice, Daniel, Juana, Enrique, Santiago (quien fallecería a los dos años de edad en un incendio en la Casa Parroquial en momentos que el Pastor se encontraba en el Templo), Clara, Lucía y Claudio. Ana era maestra, profesora, directora del Liceo; sus hermanas Clara, Lucía y Alina químicas farmacéuticas; María y Alicia médicas; Máximo, Daniel y Claudio, médicos cirujanos; Enrique, abogado; Emilio, era comerciante y Juana también fue maestra, profesora y directora del Liceo. En 1920 se retira a la vida privada, año en que se construye su nueva casa, la actual “Casona Armand Ugón”. Enferma gravemente en agosto de 1929, lo rodean sus hijos. Le recomienda a su hija Ana que se ocupe de los ancianos, lo que cumplirá construyendo el “Hogar de Ancianos de Colonia Valdense”. Muere el 23 de agosto de 1929, tres mil personas acompañan sus restos hasta el Cementerio de Colonia Valdense. El Doctor David Rivoir, hermano de Alice, le escribía en ese momento: “Di a tus hijos que su padre fue una de las más bellas figuras que haya visto en mi vida, era la encarnación del valor, de la generosidad, de la rectitud, de la energía y sobre todo de la bondad para no hablar sino de las cualidades morales, realzadas aún por su inteligencia y su espíritu”.
Pastor y conductor
Como expresáramos anteriormente, Daniel Armand Ugon fue ordenado pastor en Setiembre de 1877, y luego de un año de práctica en Pomaretto, se casó un mes después con Alice Rivoir, y llegó al Uruguay a fines de ese año a encargarse de la difícil tarea de organizar la vida religiosa de los colonos del Rosario Oriental. Dotado de una fina inteligencia y de una increíble capacidad de trabajo y perseverancia, durante más de cincuenta años fue el referente indiscutido de la colonización valdense, y no solo en Uruguay sino también en Argentina. El pastor, como siglos antes lo habían hecho sus antepasados, no cumplió solo con tareas religiosas, sino que se transformó también el representante político y el dirigente, en toda la extensión del término, de los colonos. En ese sentido, siempre se ha destacado, que en el curso de la larga la historia del pueblo valdense, los pastores siempre ocuparon un lugar decisivo, donde el pastor ha sido además del jefe religioso, el jefe civil, y el caudillo espiritual. Tales funciones, que en los Valles del Piamonte en buena medida se había dejado atrás, volvieron con la colonización en América, donde “los pastores tuvieron otra vez que aceptar tareas que sobrepasaron el campo religioso”. Previo a su partida, en carta del 13 de Mayo de 1877 dirigida al Moderador, Armand Ugon delineó la estrategia a seguir en su pastorado, a partir de la base de que la Iglesia “no puede abandonar a los colonos valdenses ni tolerar que una sociedad o Iglesia extranjera provea a las necesidades de los suyos”. De forma paralela, había que desarrollar una política que hiciera hincapié en la instrucción de los niños y jóvenes, ” porque son la esperanza del futuro”, en la conciliación de los “partidos”, en el desarrollo de la obra entre “los enfermos, los desvalidos, los solitarios”, y en la preparación de “jóvenes aventajados para nuestro colegio y nuestra Facultad de Teología, de manera que, en un número de años relativamente corto, los colonos puedan bastarse a sí mismos y tener uno o más pastores”. El objetivo en estos primeros años fue, entonces, el de consolidar la colonia del Rosario Oriental y orientar la expansión colonizadora. Para llevar adelante esta ardua tarea fue preciso reformular la primitiva colonia sobre bases solidas: acercando a los grupos enfrentados; desarrollando la educación a través de la fundación de varias “Petites Écoles” e incluso un Liceo; estableciendo contacto con otras organizaciones evangélicas que operaban en el país, con el fin de enfrentar unidos la tarea evangelizadora y levantar una barrera ante posibles hostilidades; promoviendo la experiencia colonizadora ante las autoridades nacionales como la forma de obtener determinados beneficios; y, de forma fundamental, transformando a la Iglesia en el centro de la vida, no solo religiosa sino también social, de los colonos, de tal forma que la comunidad religiosa y comunidad civil fueran prácticamente una misma cosa. Para lograr este objetivo, el pastor recurrió al sentimiento de grupo, a la mentalidad de “etnia” que los colonos arrastraban desde los Valles, sometidos a siglos de persecuciones y aislamiento. Esto quizás retardo, en la práctica, la efectiva integración al medio, pero parecía imprescindible para obtener buenos resultados. No obstante, es menester dejar sentado que, en ese aspecto, el pastor fue solo el intérprete, genial, por cierto, de un sentimiento que encontraba su aval y se encarnaba en la organización eclesiástica: la comunidad tenía en la Iglesia una institución que le permitía enfrentar unida, de forma colectiva, el proceso de adaptación y crecimiento. Esta actitud, por otra parte, no era exclusiva, aunque tuvo ribetes singulares. En líneas generales, todas las llamadas “iglesias de inmigración” hicieron hincapié “en el logro de la identidad del inmigrante” y en “el mantenimiento de su cultura”, transformándose, de una u otra manera, “en un centro que preserva al inmigrante de un medio hostil o por lo menos no accesible”.
La expansión colonizadora
El proceso colonizador valdense en el Rio de la Plata revistió, por un lado, aspectos originales con respecto a otros grupos de inmigrantes y, por otro, características similares en todos los procesos de fundación de nuevas colonias, a tal punto que parece posible hablar de un “modelo” de colonización. La escasez de tierras en la colonia primitiva y la presión demográfica, llevó a que algunas familias emigraran hacia puntos relativamente cercanos de la colonia madre, en procura de mejor suerte y buscando tierras aptas para la agricultura. En un primer momento, arrendaron tierras, pero luego, una vez constituido un grupo más numeroso, intentaron, en base a grandes sacrificios, hacerse propietarios. Las autoridades eclesiásticas, siempre preocupadas por los efectos negativos que, desde el punto de vista religioso, conllevaba la dispersión de los colonos, procuro dirigir el proceso consolidando los grupos. La originalidad del proceso estribo en que esa tendencia expansiva no culmino, como en otros casos, en una gran diseminación y en la inevitable perdida de los elementos culturales identificatorios. Por el contrario, bajo la dirección de la Iglesia, que incluso, como institución o a través de los pastores, invertía en la compra de terrenos en los nuevos asentamientos, se fueron constituyendo núcleos homogéneos, especies de “satélites” de la colonia madre que rápidamente consolidaron sus estructuras internas y repitieron el proceso originario. Como se ha afirmado, las colonias valdenses, “al responder a un sistema organizado y jerárquico, pudieron planificar con mayor holgura el crecimiento vegetativo y la diáspora campesina, estableciendo una línea desde la original Colonia Valdense hasta las de Rincón del Sauce, Riachuelo y Ombúes de Lavalle”. Se trató, en todos los casos, de dirigir el proceso, unir a los colonos en nublos homogéneos y evitar a toda costa la diseminación. Este fenómeno fue indefinidamente repetido, tanto en Uruguay como en Argentina, mientras existieron reales posibilidades de colonización agrícola. Colonia Valdense, Colonia Cosmopolita, Ombúes de Lavalle, las colonias de San Salvador, fueron centros de irradiación colonizadora en Uruguay, como lo fueron San Carlos, Alejandra, y Colonia lris en Argentina. En 1940, uno de los pastores resumía las características generales del “modelo” colonizador valdense: “Las colonias valdenses del Uruguay ofrecen una característica interesante: si bien es cierto que algún joven o alguna familia parte aislada en busca de mayores extensiones para desplegar sus actividades, es interesante notar en cambio, de tiempo en tiempo, verdaderos éxodos de familias que parten de una colonia hacia un nuevo campo, formando una nueva colonia; verdaderos “enjambres” humanos que hallan la “colmena” madre demasiado poblada y reducida y entonces parten a formar una nueva colmena”. Asimismo, destacaba que otra de las características de este proceso “ha sido siempre la dificultad de distinguir entre ellos una colonia de una iglesia”, señalando que a ello “deben, no solo su prosperidad material, sino, lo que es de más valor aun, su prosperidad moral”. Atendiendo a la fuente de estos comentarios, un pastor, quizás pudiera pensarse que el factor religioso ha sido realzado en los procesos colonizadores. No obstante, el mismo ha sido remarcado por historiadores ajenos a la tradición valdense. Así, por ejemplo, Rodríguez Villamil y Sapriza han señalado que la “dura experiencia” de la colonización del Rosario Oriental fue sobrellevada por “el impulso religioso del que estaban animados sus protagonistas”. Por su parte, Barran y Nahum han considerado que la exitosa expansión colonizadora agrícola en el Departamento de Colonia en las primeras décadas del siglo XX se debía entre otros factores, “por provenir los agricultores de regiones europeas avanzadas e estar unidos, también, por un ideal religioso”.
Las causas de la expansión y la fundación de Colonia Cosmopolita
En 1881, conforme a los datos levantados por Armand Ugon, el número de familias de Colonia Valdense alcanzaba las doscientas veinte. A ellas se le agregaban seis radicadas en Sauce, veinte en Riachuelo, cuarenta en Cosmopolita y diecisiete en Tranqueras: la diáspora, por lo tanto, había comenzado. El alto crecimiento vegetativo, sumado a un fuerte aporte de inmigrantes, había acrecentado la población notoriamente. En 1883 el pastor consignaba que “en seis años se han registrado poco menos de ochocientos bautismos y como más de cien defunciones, sin contar trescientas personas que han venido de Italia”. Y agregaba: “Mas de cien familias valdenses no propietarias buscan con afán terrenos donde se puedan colocar en modo estable. Varios propietarios ya no tienen trabajo para su numerosa familia en la chacra de 36 o 40 cuadras que poseen actualmente”. La dispersión comenzó a ser un tema de preocupación de la comunidad y, en especial, de Armand Ugon: el establecimiento de una nueva colonia se transformó en una cuestión vital. A los dos años de su llegada al país, en una carta fechada en 1879, al Ministro de Gobierno Dr. José María Montero, el pastor definía la situación y pedía apoyo a las autoridades: “Todo el espacio disponible está ocupado; no se sabe dónde establecer las familias que se han formado año tras año, y las que no vienen de Italia. Treinta familias recientemente llegadas no saben dónde hallar terreno para trabajar. La experiencia ha enseñado a los colonos que si se esparcen por todo el país pierden sus hábitos de trabajo y su sobriedad de vida. Además, si se establecen aisladamente se hallan en la imposibilidad de tener sus escuelas y cultos. La solución es la fundación de una nueva colonia, muy extensa, que pueda recibir de inmediato cerda de sesenta familias, y cerda de trescientas en seis años. Los colonos no tienen necesidad de ninguna exoneración ni de ningún adelanto puesto que los que están establecidos proporcionaran de buena gana lo que les es necesario. Si el gobierno estuviese dispuesto a ceder a esta población un terreno extenso y bien ubicado, en algunos años una nueva colonia se formaría como por encanto”. Las relaciones cercanas de Armand Ugon con las autoridades de gobierno, llevaron a la concreción de la segunda colonia valdense en Uruguay. La intensa correspondencia a lo largo de 1882 y 1883 con las autoridades relacionadas con el tema de la colonización y la inmigración, dieron sus frutos. A comienzos de 1883 se formó una comisión especial encargada de estudiar las posibilidades de colonización el departamento, buscar terrenos e inspeccionarlos, integrada por el pastor y otros cuatro colonos, todos ellos “referentes” dentro de la comunidad. Se estudiaron ofertas en Riachuelo e incluso en la cercanías de Nueva Palmira, pero, o bien no reunían las condiciones requeridas en cuanto a la calidad y precio, o bien no estaban en ese momento a la venta. La solución se concretó en terrenos contiguos a la primitiva colonia: las tierras denominadas “Rincón de la Virgen”, al otro lado del Rosario, que habían sido adquiridas en 1874 por una empresa colonizadora, “La Cosmopolita”, sobre 19.000 hectáreas. Las condiciones de compra habían sido muy favorables para la empresa, e incluían respetar las adjudicaciones que ya habían realizado en la zona la Junta Económico Administrativa y destinar el resto a agricultura, colocando doscientas familias en el primer año. La empresa no había hecho nada de esto, pero todas las reclamaciones de pequeños propietarios desplazados se “estrellaron contra los sagrados intereses de la empresa que realizaba el negocio, con el apoyo de los fusiles”. Previo al establecimiento de los valdenses, existieron otros proyectos para la zona. En efecto, en 1877 el Cónsul suizo envió una serie de cartas a la Comisión Central de Agricultura manifestando la intención de traer colonos de esa nacionalidad, radicados en Santa Fe y en Brasil. “La Cosmopolita” ofreció tierras a doce pesos la hectárea, con facilidades. Si bien la Comisión elogiaba la “actitud patriótica” de la empresa colonizadora, nada llego a concretarse. En 1882, el pastor Armand Ugon informaba al gobierno que se encontraban establecidas en la zona cincuenta y cuatro familias valdenses. A comienzos de Junio, las autoridades adquirieron “de Don Carlos Becú y de la Señora y Señoritas de Carassale cincuenta y siete chacras y seis fracciones de la Colonia Cosmopolita, con el fin, de facilitar la colocación en ellas de las familias más necesitadas de la Colonia Valdense”. Unos días después, Carlos de Castro le escribía al pastor: “Participo a Ud. que por orden del Sr. Presidente de la Republica, que habiendo adquirido el Estado 1200 cuadras de tierra en la Colonia Cosmopolita, ha decidido ponerlas a disposición de los beneméritos agricultores. Tan luego estén prontas las escrituras se le avisara a Ud. a fin de que arregle como convenga con los colonos la venta parcial de las chacras, cuyo precio y tiempo de pago, el Gobierno deja sea fijada por Ud. a su prudente arbitrio”. El 31 de Julio de ese mismo año, el gobierno compro a Luis Podestá “noventa chacras y catorce fracciones más”. Este segundo lote se utilizara para “colocar en la mitad de ellos colonos de la Colonia Suiza y en la otra mitad, colonos de la Colonia Valdense”. Previamente, la Comisión Especial de Colonización, con la participación ya señalada de delegados del gobierno, había diseñado un reglamento interno de la futura colonia. En el mismo se establecía la extensión del terreno a colonizar, las características que se requerían respecto a ubicación geográfica y calidad de las tierras, forma de pago, la creación de una Comisión Directiva de la nueva colonia, su integración y sus funciones, e incluso normas sobre la conducta que debían observar los colonos, disponiéndose que durante “los diez años de instalación de la colonia, no se permitirían diversiones ruidosas, como carreras, bailes, etc., ni casas de juegos o lupanares”. Este reglamento se transformó en un modelo para la instalación de futuras colonias. El pastor Armand Ugon, transformado ahora en delegado del gobierno, informaba el 30 de Agosto de 1883 sobre las propuestas de venta y las actuaciones realizadas. De acuerdo a ese documento, las chacras serian vendidas “a cualquier labrador no propietario o con terreno insuficiente”, a un precio de “siete a diez pesos la cuadra cuadrada, según su calidad” y se pagarían “en cuatro anualidades iguales sin intereses antes de fin de Junio de cada año”. Con muy buen criterio, se establecía que los “arrendatarios que sean agricultores, tendrían preferencia en la compra y con las mismas facilidades”. Este precio según fuentes consultadas, era el corriente en la zona y en la época. El pastor exponía, asimismo, el destino del producido por las ventas: adelantos reembolsables a los colonos en bueyes, un puente sobre el río Rosario; instrumentos y uniformes para una banda de música en Colonia Valdense; y el resto, más el reembolso de los adelantos, se repartirla entre la Junta Auxiliar de La Paz, el Consistorio de Colonia Valdense y el de Colonia Cosmopolita. Cosmopolita oficio en estos primeros años como válvula de escape del crecimiento demográfico de la vieja colonia. En 1886, el número de familias ya llegaba a las ciento cuarenta y cinco, desperdigadas en un extenso territorio. De cualquier forma, diez años después de su fundación, la colonia ya estaba consolidada y no poco de ese progreso se debió a la presencia de un nuevo pastor valdense en el Uruguay, Pedro Bounous, quien por años tuvo a su cargo esta extensa parroquia. Cosmopolita, siguiendo el “modelo” al que ya se ha hecho referencia, se transformó con los años en “madre” de otras colonias; de allí salieron agricultores hacia Ombúes de Lavalle, hacia las colonias de San Salvador, y en especial, hacia la pampa argentina”. De forma paralela a la constitución de este núcleo, comenzaron a establecerse colonos valdenses en otras zonas del departamento de Colonia. Así, por ejemplo habían radicados en la zona de Riachuelo, tres familias, a las que se les sumaron otras cinco en 1884; en 1882, Juan P. Long compro campos en Artilleros, que luego arrendo a otros colonos; en 1883 se inició la colonización del Rincón del Sauce, con el establecimiento de veinte familias arrendatarias en las estancias de Thomas Bell, y hacia 1886 ya estaban cincuenta familias viviendo en esa zona; en 1886 se estableció la primera familia en Tarariras-Quinton, a las que se sumaron otras dos en 1889 y quince más en 1891, a partir del arrendamiento de un campo adquirido por Enrique Long; y entre 1887 y 1990 dio comienzo la colonización de la zona de San Pedro-San Juan, con la llegada de dieciséis familias valdenses. Cuando las visito el vice-moderador Tron, en Artilleros vivían ciento veintinueve familias, con una población de 715 personas, y en Riachuelo, San Pedro y San Juan, otras treinta y dos con 202 individuos”.
Daniel Armand Ugón y sus aportes al proceso fundacional de Ombúes de Lavalle
En el Bosquejo Histórico de Ombúes de Lavalle que desarrollara el Pastor Marcelo Dalmas, en ocasión del Libro del 75 Aniversario de Ombúes de Lavalle, en el año 1965, el mismo expresa textualmente: “LOS PRIMEROS COLONOS”, “La noticia de la puesta en venta de la estancia Ombúes de Lavalle había llegado a oídos del pastor valdense Daniel Armand Ugon y del Dr. German lmhof, los que inmediatamente tomaron en sus manos las instancias de la negociación. Los colonos provendrían de las colonias de ese origen ya existentes en el país, como la Colonia Valdense del Rosario Oriental y de la Colonia Cosmopolita y zonas de Sauce, y los colonos suizos de la Colonia Suiza. Los valdenses habían formado sus colonias en el Uruguay, desde 1858, provenientes del Piamonte. Estos colonos pertenecían al llamado pueblo valdense que establecido en los valles de los Alpes Piamonteses, habían conseguido su emancipación civil y religiosa en 1848 de acuerdo al nuevo espíritu liberal que informaba la política europea en aquellos años. Pueblo valdense no significa una definición étnica sino religiosa, por el hecho de ser un pueblo formado con los seguidores de Pedro Valdo, que en el siglo XII, en la ciudad de Lyon hizo votos de pobreza, enseñaba los evangelios en lengua vernácula. En el siglo XVI los valdenses adhieren a la doctrina y práctica de la Reforma Calvinista y la ciudad de Ginebra fue la maestra de la Iglesia Valdense organizada de acuerdo al sistema congregacional del calvinismo. Siglos de persecuciones religiosas y la negación de todo derecho político y civil dejaron en los valdenses un fuerte sentido de comunidad, que fue forjando una tradición secular, fruto del sacrificio en comunidad por fidelidad en un credo religioso, que obedece el compromiso arrancado a Varela de vender las chacras a colonos que el Pastor Armand Ugon y el Dr. lmhof indicaran. La fundación de Ombúes de Lavalle requirió, como en el caso de Cosmopolita, el apoyo del gobierno. A diferencia de aquella, este apoyo no fue el esperado, y la grave crisis financiera de 1890 no estuvo ajena a este proceder. Otra diferencia con respecto a Cosmopolita fue que en la zona de Ombúes no había ninguna familia valdense radicada con anterioridad a la fundación de la colonia. En el libro “Cuaderno de la Historia Valdense: Daniel Armand Ugon” editado por la Iglesia en noviembre de 1978, se menciona que “Ombúes de Lavalle tal vez ha sido la que más entusiasmo despertó en su vida; varios viajes en carruaje, dieron por resultado el nacimiento de esa pujante zona de Colonia”. A comienzos de 1890 los hermanos Francisco y Manuel Varela pusieron a la venta 9.300 hectáreas de la estancia que habían comprado, en 1887, a Francisco Lavalle, hermano del general argentino Juan Lavalle. El precio era de veinticuatro pesos la cuadra que, si bien resultaba elevado, se compensaba con la calidad de las tierras. El problema resultó a la hora de obtener el capital necesario para adquirir esa propiedad. Frente a esta situación, el pastor Armand Ugon y Juan Daniel Bonjour llevaron adelante gestiones frente a distintas autoridades, incluido el presidente Julio Herrera y Obes. Con fecha 1º de Abril de 1890, y a solicitud de la Presidencia, los representantes de los colonos elevaron una extensa nota relacionada con el asunto. En la misma se señalaba que, pese a la fundación de Colonia Cosmopolita, desde 1885 “cada año, familias que no encontraban terreno en venta han salido con sus capitales para Entre Ríos y otros puntos, con gran perjuicio para el país pues en estos casos se trababa de buenos elementos”. A ello se agregaba que con “el transcurso de los años se han formado muchas familias sin contar las que siempre nos vienen de Italia y que serían mucho más numerosas si nos dirigen con un: ya no hay terrenos disponibles”. La solución para colocar “el excedente de población y de atraer muchas familias del mismo origen” era la de “proporcionarles terrenos a condiciones tales que puedan pagarlos”. Por ello, solicitaban al gobierno “nos adelante el importe del terreno que es de doscientos veinte y cinco mil pesos, más o menos, comprometiéndose los colonos a devolver esa suma en su totalidad y por cuartas partes pagaderas en el plazo de tres años”, la primera cuota “al contado al tomar posesión del terreno”. La grave crisis económico-financiera, sumada a las ambigüedades de las clases dirigentes respecto a la colonización, llevaron a que el gobierno desechara el petitorio y de la misma forma procedió el Banco Nacional, que quebró ese año, y el Banco Constructor Oriental. No obstante, y ya se ha señalado la perseverancia del pastor, Armand Ugon continuo sus gestiones en Montevideo, lo que derivó en un acuerdo más ventajoso con los hermanos Varela, fijándose un precio de dieciocho pesos la cuadra. En Agosto de 1890, treinta y seis familias ya habían suscrito compromiso de compra sobre 3.540 cuadras, y comenzaron a instalarse en la zona. A partir de ese momento, y ante algunas resistencias internas, la tarea del pastor fue la de consolidar ese primer grupo, aumentando el número de familias y procurando obtener determinadas facilidades por parte de las autoridades. En una extensa carta firmada conjuntamente con Herman lmhoff, en representación de colonos de Nueva Helvecia, dirigida al Ministro Alberto Capurro, se expresaba: “Desde hace algunos años, y por falta de buenas tierras de labranza disponibles, los agricultores del Rosario y alrededores se encuentran en graves dificultades. Con el transcurso de los años aumento considerablemente la población, formándose nuevas familias, compuestas exclusivamente de elementos nacionales, sin contar las que llegan constantemente de Europa. Por otra parte, la depreciación de los cereales y otros productos agrícolas y el aumento de gastos ocasionados por la introducción de máquinas perfeccionadas, que solo pueden compensarse con la extensión del cultivo, imposible en las antiguas colonias, han agravado la situación. Esas dificultades desaparecerán por completo convirtiéndose las causas que las producen en fuentes de recursos para el país si se pudiera proporcionar a los colonos que las necesitan y saben trabajar, las tierras en buenas condiciones. El problema se resuelve con la creación y desarrollo de nuevos centros agrícolas en condiciones equitativas para el colono”. Y al respecto, solicitaban:
1) La habilitación del puerto de Conchillas, que ya se halla en actividad, para la salida de los productos de la nueva colonia, y la apertura de un camino para llegar hasta ese punto de la costa.
2) La creación de un Juzgado de Paz en la nueva colonia para las actas de estado civil, y el permiso para establecer un Cementerio.
3) La exención de pago de la Contribución Directa por espacio de diez años.
4) Una subvención de 30.000 pesos nacionales para la colonización de seis mil cuadras, que se repartiría entre vialidad, la construcción y gastos de escuelas, y la erección de un Templo, Cementerio y gastos relativos.
Tienen los infrascriptos la intención de invertir la subvención en la compra de tierras en la nueva colonia para colocar a las familias pobres que solo por anualidades pueden pagar sus lotes. Conforme se cobren estas, se atenderá a las mejoras antes indicadas. Todo el programa un programa de colonización. Pero pese a que el gobierno dio curso preferencial a la solicitud, las Cámaras se estancaron en su discusión, aprobándose los tres primeros puntos y, con modificaciones sustanciales, el cuarto. En efecto, la subvención quedaba reducida a 2.500 pesos y los mismos debían ser utilizados para llevar a cabo las expropiaciones necesarias para abrir el camino a Conchillas. A las ya anotadas dificultades financieras por. las que atravesaba el país, se le sumaron consideraciones de otra índole. En la discusión del proyecto en Cámara de Representantes, el diputado Cassaravilla sostuvo que “no hay una necesidad inmediata de construir el Templo y el Cementerio; no hay una necesidad reclamada; y sobre todo ocurre también una dificultad, y es que los colonos son en su mayor parte protestantes, y parece que las rentas generales no pueden distraerse para elevar Templos de ese carácter”. Esta opinión, que fue acompañada en sala por otros representantes, marca una inflexión importante con respecto a lo que, había sido hasta el momento la actitud liberal de la dirigencia política del país en cuestiones religiosas. Pero pese a todas estas dificultades, la colonia logro prosperar. Cuando la visitó el vice-moderador Tron en 1898, la población superaba las cuarenta familias y, conjuntamente con las de Soriano, sumaban 542 personas. De la misma forma que sucedió con Colonia Valdense y con Cosmopolita, Ombúes de Lavalle fue centro de irradiación y formación de nuevos núcleos. Así, en 1902 colonizaron campos en Juan González, en 1903 en Nueva Iberia, en 1909 en Sarandí y Campana, y en 1912 en San Roque. Las colonias del río San Salvador, en el departamento de Soriano, se fundaron de forma casi paralela a Ombúes. En efecto, algunos colonos que se habían inscripto para ir a los campos de los hermanos Varela, desanimados por los problemas iniciales, aceptaron la propuesta de un gran comerciante de Dolores, Antonio Paseyro, y se dirigieron a colonizar un campo en Paso Ramos, a unos cinco kilómetros de aquella ciudad. En 1891, tres familias con un total de 27 integrantes se instalaron sobre 500 cuadras, las que compraron a 38 pesos la cuadra, con cuatro años de plazo y sin intereses. De igual forma, otro grupo más numeroso se estableció en Cañada de Nieto, a unos treinta kilómetros de Dolores, en campos fraccionados por Manuel Braña; la mayoría de las familias procedían de Rincón del Sauce. Ambos grupos fueron los fundadores de la Iglesia Valdense de San Salvador, que revistió algunas características peculiares.
La instrucción: las escuelas
De forma paralela a este desarrollo colonizador, material y, en buena medida, apuntalándolo, la instrucción recibió particular impulso. Este punto, al que los valdenses prestaron especial atención, fue uno de los factores más importantes para explicar la peculiar estructura de las colonias valdenses y su desarrollo. Como ya se ha señalado, en 1858 existían en todo el departamento de Colonia
solo cinco escuelas, tres de varones, con ochenta alumnos, y dos de mujeres, con sesenta alumnas. En los dos primeros años de su instalación en el Rosario Oriental, los colonos ya habían levantado una escuela mixta y en el correr de la década de los ’60 se erigieron otras tres. Pero sin dudas, el impulso decisivo en esta área lo dio Daniel Armand Ugon a partir de 1878. Las dirigencias eclesiásticas siempre se manifestaron preocupadas por el desarrollo de la instrucción entre los colonos. La razón era obvia: una Iglesia reformada que partía de la base de qué todos sus miembros debían, necesariamente, tener acceso a La Biblia, requería de una congregación alfabeta. Y Armand Ugon, como ya se ha señalado, consideraba como un punto esencial de su pastorado el desarrollo de la “instrucción de los niños y los jóvenes”. Y agregaba de forma enfática: “No se necesita ser muy clarividente para ver que la instrucción es una cuestión de vida o muerte para la colonia en general y para la Iglesia en particular; si no se consigue mejorar nuestras escuelas el retroceso será siempre mayor y la presencia del pastor será inútil”. Un año después volvía a insistir, en los siguientes términos: “Aun cuando un miembro de la Iglesia no tuviese niños en edad escolar, es su deber trabajar a favor de la instrucción y de sostenerla con su dinero, porque el Evangelio debe eliminar todas las tinieblas cualquiera sea su origen. En todas partes un pueblo instruido es superior a un pueblo ignorante; siempre una persona que conoce y sabe lo que otros desconocen ha podido dominar sobre estos últimos y llevarlos a su antojo y contra su voluntad donde no han querido ir. Nos atrevemos a decir que los que no se interesan en ninguna forma en la instrucción no solamente descuidan sus deberes, sino que olvidan sus propios intereses”. Las afinidades filosóficas y pedagógicas con la incipiente reforma vareliana (el decreto-ley de Instrucción Común fue promulgado el 24 de Agosto de 1877) eran evidentes. Apenas dos años después de la llegada del Pastor Daniel Armand Ugon al Uruguay, las “petites écoles” sumaban ya ocho, seis en la zona de La Paz-Valdense, y otras dos en Cosmopolita y en Rincón del Sauce, todas ellas construidas en base al modelo de las “Escuelas Beckwith” de los Valles Valdenses. Estas escuelas, prácticamente todas rurales, eran mixtas y pese a que eran promovidas y supervisadas por las autoridades eclesiásticas, la enseñanza que se impartía en ellas no era confesional: la enseñanza religiosa quedaba reservada a las “Escuelas Dominicales”, a cargo directo de la Iglesia. Ello motivo algunas discrepancias iniciales con las autoridades educativas de Colonia. Pese a las intenciones de José Pedro Varela, el decreto-ley de Instrucción Común estableció la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria, pero no la laicidad. En su artículo 18 definía que la enseñanza “de la Religión Católica es obligatoria en las escuelas del Estado, exceptuándose a los alumnos que profesen otras religiones, y cuyos padres, tutores o encargados, se opongan a que la reciban”. Por ello, el “Reglamento General para las Escuelas del Estado”, dictado el 30 de Octubre de 1877, incluía “Moral y Religión” para todos los cursos, indicando que se enseñaría “Doctrina Cristiana con arreglo al catecismo”. A raíz de esas disposiciones, el 27 de Agosto de 1883 el por entonces· Inspector Departamental de Instrucción Pública, Francisco Morelli, emitía una circular que, en lo medular, establecía que “en lo sucesivo se consignen veinte minutos por día hábil de Escuela a la enseñanza de la Religión Católica que se dará con arreglo a la Catequística sin comentarios”. Como era de esperar, la reacción de Daniel Armand Ugon no se hizo esperar. Con fecha 7 de Setiembre, le informaba al Inspector que no le había comunicado ni al Consistorio ni a los maestros la orden emitida que “no la pueden acatar por ser la enseñanza de la catequística romana contraria a nuestras creencias”, por lo que estaban dispuestos a aceptar “sin restricciones los métodos y los programas de enseñanza del Estado pero se resisten a admitir otra enseñanza religiosa que no sea la que creen expresión verdadera del Cristianismo”. Asimismo, le recordaba al Inspector que “en las escuelas de esta Colonia no había enseñanza catequística ni aun cuando estaban completamente costeadas por los vecinos, casi todos cristianos evangélicos, por cuya razón era frecuentadas por los pocos alumnos católicos de la localidad”. La situación, aparentemente, se resolvió por la vía de los hechos, y en aplicación del artículo 18 ya mencionado, en las escuelas de la zona no se impartió religión ninguna. Fundar escuelas, encontrar personas formadas dentro de las comunidades para oficiar de maestros, no era un problema; el asunto era financiarlas. A raíz de ello, entre 1878 y 1880 el pastor mantuvo una insistente correspondencia con el Jefe Político de Colonia, con el Cónsul Italiano Hipólito Garrou y con el Inspector Miorelli, en procura de fondos para sostener las escuelas de las colonias. Si bien estas gestiones, a excepción de la subvención anual de 200 liras de la embajada italiana y la escasa ayuda otorgada por el Estado, no tuvieron resultados positivos inmediatos, impusieron a, las autoridades de la especial preocupación y de la obra que en materia educativa realizaban los valdenses. Cuando por ley del 6 de abril de 1909 se suprimió la enseñanza y la práctica religiosa en las escuelas públicas, el Consistorio de Colonia Valdense solicito la oficialización de las escuelas de la colonia. En octubre, “La Unión Valdense” informaba que las mismas “pasaron al Estado, formando ahora una sola de segundo grado, bajo la dirección de la Srta. Ana Armand Ugon, continuando sus maestros actuales en calidad de ayudantes”. La Iglesia continúo aportando para el mantenimiento y una cuota especial para que se dictase una hora de francés fuera de horario.
La instrucción: el liceo
Si bien la obra a nivel de instrucción primaria fue muy importante, el hecho más destacado en el campo de la educación fue el establecimiento, en 1888, de un centro de estudios secundarios en Colonia Valdense, el segundo de su tipo en el interior del país, y el primero, y durante años, el único, instalado en pleno medio rural. Producto de la confluencia de dos de las personalidades protestantes más relevantes del momento en el país, Thomas Wood y Daniel Armand Ugon, y de dos iglesias, la metodista británica y la valdense, y enmarcado dentro de una obra de evangelización, el liceo las trascendió rápidamente. Fruto de “una hermosa alianza entre diversos elementos religiosos”, lo fue también de la voluntad de dos individuos muy particulares en una colonia con características también muy particulares. Los contactos entre Wood y Armand Ugon se iniciaron ya en 1878, con la intención de promover un frente común entre las diferentes denominaciones protestantes que actuaban en el país. Pese a algunos problemas iniciales estas relaciones continuaron a lo largo de la década de los ’80, y comenzó a madurar el proyecto de creación de una escuela superior. Después de varias demoras y postergaciones, Wood vino a la colonia en Mayo de 1888 “firmemente decidido a organizar un curso liceal que corresponda a las necesidades del momento”. Un mes más tarde, el 11 de Junio de 1888, el instituto abría sus puertas. El Liceo, conforme lo planteaba Wood algunos años antes, debía cumplir la función de instruir a jóvenes de ambos sexos en los valores de la crítica, para “que no acepten todo con ciego entusiasmo, mal de una educación que ha desarrollado el corazón en detrimento de la conciencia”, pero tampoco caer en el “exceso”, “porque a fuerza de obligarlos a razonar se les enseña, en definitiva, a no creer en nada”. La idea, no obstante estar siempre presentes las referencias religiosas, no se
agotaba, por lo tanto, en crear un instituto cuyo objetivo final fuera el de evangelizar, el de expandir las ideas protestantes. Wood, en carta a un amigo y rector de la Universidad, Alfredo Vázquez Acevedo, definía los objetivos: “Este Liceo está destinado no a multiplicar las lumbreras letradas que relucen en las grandes capitales y en los altos empleos, sino a encender luces en las tinieblas del campo y en las vías comunes de la vida del pueblo”. Sin dudas toda una definición de objetivos: lo importante era la educación del pueblo, punto de vista con positivistas, y con la reforma vareliana, y que prefiguraba lo que posteriormente fue la política educativa de los gobiernos batllistas de las primeras décadas del siglo XX. Para que este proyecto fuera posible, para que el “plan inalterable” de desarrollar “al pensamiento, a la conciencia individual hasta el más alto grado” se cumpliera, el Liceo no debería ser “nunca una empresa de especulación” ni “responder a intereses materiales de ningún género”. Tal extremo fue, en más de una oportunidad, reconocido por observadores ajenos a la institución. Así, por ejemplo, en 1896 un informe del Decano José Claudio Williman, señalaba: “El Liceo de Valdense inspira profundas simpatías a todo el que conozca la abnegación de los que en el colaboran. No se vislumbra el menor interés pecuniario en su mantenimiento”. Al año siguiente de su apertura contaba con treinta y cinco alumnos, siete de los cuales eran mujeres. Por ello no debe resultar extraño encontrar apellidos valdenses entre las primeras mujeres profesionales del país; por ejemplo, entre las primeras cinco medicas uruguayas figuraban dos valdenses, María y Alicia Armand Ugon, ambas hijas de Daniel Armand Ugon. Pese a las dificultades iniciales, derivadas de la falta de recursos materiales, hacia 1900 el liceo ya estaba consolidado. El 25 de Marzo de 1926, en base a un proyecto del diputado Osear Griot, paso a la órbita del Estado.
Conclusiones finales
Como aspectos finales queremos destacar el progreso que obtuvieron las colonias que tuvieron a Daniel Armand Ugón como su impulsor. Desde 1877 en adelante los valdenses fueron grandes generadores de nuevas colonias y la Colonia Valdense se hizo notar en el quehacer nacional, y los periódicos de la época y “El Evangelista”, órganos de la Iglesia Metodista, muchas veces se ocuparon de la colonia. En las altas esferas, se hablaba con respeto de Valdense y fueron varios los Presidentes que la visitaron invitados por el Sr. Armand Ugón, tales como el Presidente Williman a presencia el culto; o el caso del Dr. Baltasar Brum, que llegó también a caballo a visitar Valdense y La Paz, para luego continuar a Colonia Suiza junto al pastor. Durante su largo ministerio presidió innumerables comisiones y asambleas. Según cuentan algunos libros de historia, los demás miembros se cuidaban de ser puntuales pues les disgustaba que no se cumpliera con esa regla, pues él también tenía que viajar a otros lugares lejanos y llegaba en hora. En 1908, año en que se festejó el cincuentenario de Valdense, el Dr. Claudio Williman en calidad de Presidente de la Republica la visitó y quedó gratamente impresionado por el progreso y la cultura que habían adquirido sus moradores, gracias a la escuela y al liceo, obra casi exclusiva del Pastor Armand Ugón. Por lo mencionado, queremos destacar su llegada a estas tierras, enfrentando dificultades que difícilmente podamos imaginarnos, con la falta de medios de comunicación, de vivienda adecuada, con una situación civil y política inestable, con menguados recursos económicos. La decisión valiente de esta joven pareja, Daniel y Alice, de venir a afrontar lo desconocido y si es necesario el sacrificio, situación que enfrentaron con tenacidad, con fidelidad y espíritu visionario. Su decisión de permanecer aquí y hacer de este país su segunda patria, donde además de su vasta obra pastoral y educacional se dedicó a una actividad que fue más allá de los límites de la tarea asignada a su vocación. El Pastor Armand Ugón supo ubicarse en su tiempo como para que ninguna actividad que interesara a la gente le fuera extraña. Dialogó sin temor con el gobierno y luchó por los intereses de los colonos. Su personalidad, su preparación, su espíritu misionero, su profunda formación evangélica valdense lo llevó a poner las bases de lo que es hoy la iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata.